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Cuando dices motivación estás hablando de motivos y de acciones, de tener motivos para la acción, de buscar algo que te mueva para que pasen cosas. Eso es la motivación. Y lo malo de la motivación es que sólo te acuerdas de ella cuando crees que la has perdido. La motivación es como el dolor de muelas. Puedes estar totalmente enfadado con la vida cuando no tienes el dolor de muelas, pero si de repente lo tienes, entonces recuerdas lo bien que estabas sin él; crees que eso sería lo único necesario para ser feliz: no tener ese horrible dolor de muelas. La motivación es  como el dolor de muelas, solo cuando no la tienes recuerdas que todo iba mejor cuando ella te acompañaba.

En todo caso, lo que me ha traído a escribir hoy es que me gustaría hacer una pequeña recomendación: No olvidéis que en cuanto a motivación, lo más importante es tener claro que nadie motiva a nadie, no se te ocurra ir a pedir a nadie para que te motive. La motivación es “reflexiva“, uno se motiva a sí mismo. Lo único que pueden hacer los demás o lo que podemos nosotros hacer por los demás es crear un entorno que facilite la motivación de las personas.

Dedícate a motivarte a ti mismo. Cada uno que se motive a sí mismo y si puedes, como mucho, indica a los demás lo que crees que les puede motivar, pero que no esperen que tú seas su motivador. No permitas que te lo exija nadie, es una responsabilidad que no podrás cumplir. Da que pensar.