Ayer asistimos a dos noticias significativas en relación con la situación y la estrategia actuales de Microsoft: la publicación de versiones para iOS y Android del paquete de aplicaciones MSN y el abandono de Windows Phone por parte de Tom Warren.

Servicios multiplataforma, una vía de un solo sentido

La primera de las noticias es un claro ejemplo de la estrategia actual de Microsoft, que busca estar presente en las tres principales plataformas móviles, sin importarle incluso lanzar mejores versiones para iOS o Android que para su propio sistema operativo. Dos ejemplos de esto son Skype, que en iOS recibe nuevas funciones mucho antes que en Windows Phone, y Office, que ofrece una experiencia mucho más satisfactoria en iOS y Android que en un Windows Phone.

Esta es una estrategia muy arriesgada porque con ello se elimina un incentivo fundamental para apostar por Windows Phone. Curiosamente, en un iPhone uno puede usar prácticamente cualquier servicio (salvo, por ejemplo, algún programa de Google como Google Keep), mientras que para Windows Phone están vetados muchos servicios de Apple y Google. No obstante, viendo cómo había evolucionado el mercado durante los últimos años, lo cierto es que la estrategia tiene cierto sentido. De lo contrario, lo más probable es que los productos de Microsoft se hubieran quedado en un nicho aún más reducido y con pocas o nulas posibilidades de evolucionar. En definitiva, parece que Microsoft está apostando por mantener vigentes sus servicios a la espera de tiempos mejores en sus sistemas operativos.

Falta de aplicaciones y decepción con la plataforma

La segunda noticia puede parecer una mera anécdota, pero no lo es. El hecho de que una persona abandone Windows Phone no supone el fin del mundo, pero es muy significativo que el editor de The Verge especialista en Windows (Phone) tome esta decisión. Tom Warren acompañó este anuncio con una explicación en la que detalla muchos de los males de Windows Phone (situación a su vez muy aplicable a Windows en general): aplicaciones ausentes, otras disponibles pero que no dan la talla, la ausencia de un terminal de gama alta realmente atractivo y la sensación de que ni siquiera Microsoft no está apostando decididamente por su propio sistema operativo.

Aquí la situación es realmente complicada, ya que Windows Phone vive en un círculo vicioso del que es muy difícil salir: los desarrolladores no apuestan por Windows Phone dada la escasez de usuarios, mientras que los usuarios son reticentes a comprar un terminal con Windows Phone debido a la falta de aplicaciones. Es cierto que cada vez llegan más aplicaciones oficiales, pero también lo es que dichas versiones muchas veces no están a la altura de lo que existe en otros sistemas operativos. En ocasiones, uno tiene la impresión de que algunas empresas simplemente buscan marcar la casilla de “disponible para Windows Phone” sin apostar realmente esa versión, llegando incluso a no anunciarla en sus propias páginas (#dontforgetyourownapp).

Por otra parte, la sensación predominante es que cuando por fin llega una aplicación a Windows Phone, a menudo esta ya no está tan en boga o simplemente se da por descontada. Un ejemplo de esto es el tuiteo anterior sobre Candy Crush, que aterriza en Windows Phone justo cuando King, la empresa propietaria del juego, está promocionando más activamente su nueva variante: Candy Crush Soda (que obviamente no está disponible para Windows Phone).

Windows 8. Un híbrido que no convence

Parece claro que Windows 8 no ha calado entre el público. Este sistema operativo representó un cambio muy arriesgado para Microsoft y, como era de esperar, la mayoría de sus clientes, muy acostumbrados al “Windows de toda la vida”, lo han rechazado. No obstante, no toda la culpa es del inmovilismo de sus clientes. Windows 8 es un sistema “híbrido” en el que sus dos variantes, la “clásica” y la “moderna”, viven como dos entes excesivamente separados, por no hablar de las dudas que generó la existencia de distintas variantes del sistema operativo. Igual que cuando usaba una Surface “RT” me disgustaba tener que recurrir a la parte clásica (si es que podía hacerlo), ahora que uso una Surface 3 como ordenador de sobremesa no me resulta nada cómodo utilizar las aplicaciones “modernas”. Es más, en muchas ocasiones me encuentro con aplicaciones duplicadas (Skype, OneNote, Internet Explorer…) y con la disyuntiva de tener que mantener las dos o bien no disfrutar de una experiencia satisfactoria en función de si uso el equipo en modo escritorio o en modo tableta. Si me sucede eso a mí, alguien muy dispuesto a experimentar y “cacharrear” lo que haga falta, no es difícil imaginar lo que sucede con cualquier usuario normal: la parte moderna simplemente no existe para la mayoría.

Escritorio de Windows 8

Esta situación nos lleva a un nuevo círculo vicioso. Hay muy pocos usuarios de aplicaciones modernas de Windows, por lo que la mayoría de los desarrolladores no crean una versión “Metro” (moderna) de sus aplicaciones y, o bien crean una aplicación para Windows 7 (versiones que habitualmente lucen como programas más propios de los noventa). Hay una tercera opción: la que eligen los que simplemente no desarrollan para Windows. Obviamente, todo esto influye negativamente sobre la adopción de Windows 8 por parte de los usuarios.

Windows 10 y las aplicaciones universales

Probablemente muchos desarrolladores hayan visto el panorama Windows demasiado revuelto como para dedicar su esfuerzo a esa plataforma. Da la sensación de que muchos han optado por esperar a que la estrategia de Microsoft siga una línea clara. Pues bien, parece que ese momento ha llegado con Windows 10. Si Windows 8 supuso cierta ruptura con lo anterior, ahora Microsoft ha decidido “dar un paso atrás para coger impulso”.

En Windows 10 las aplicaciones “modernas” podrán ejecutarse dentro de una ventana en el modo escritorio como si fuesen aplicaciones “clásicas”, lo que sin duda impulsará su adopción. Esta estrategia viene acompañada del impulso de las aplicaciones universales, es decir, aplicaciones que podrán ejecutarse en un ordenador, una tableta, un teléfono con Windows e incluso una consola Xbox. Si bien ya tenemos disponible alguna aplicación de este tipo  (TweetiumFitbit, Machinarium…), actualmente estas son más una anécdota que una tendencia clara. Microsoft quiere cambiar esto y por ello está fomentando activamente el desarrollo de aplicaciones universales para Windows 10. De hecho, en un futuro sus tiendas de software para Windows y Windows Phone se fusionarán en una única, lo que sin duda ayudará a este proceso de universalización.

Escritorio clásico en Windows 10

Las aplicaciones universales ofrecen a los desarrolladores una clara ventaja, ya que con una sola aplicación pueden matar varios pájaros de un tiro y estar presentes en diversos dispositivos (ordenadores, tabletas, teléfonos y hasta consolas con Windows). De cara al cliente, suponen la ventaja de que solamente es necesario pagar una vez para usarlas en cualquier equipo con Windows. Por otra parte, la generalización de las aplicaciones universales puede traer novedades realmente interesantes. Si ya fue noticia que Candy Crush llegase a Windows Phone, más lo habría sido que hubiese llegado como aplicación universal y que pudiese usarse como tal en un ordenador. Por mi parte, me encantaría poder usar desde el ordenador ciertas aplicaciones para móviles de los NAS Synology, como también desearía que hubiese una única versión de Skype que acabase con la disparidad de versiones y funciones disponibles en la actualidad.

La esperanza

Dadas las ventajas anteriormente comentadas, es probable que las aplicaciones universales ayuden (al menos en parte) a romper los dos círculos viciosos anteriormente comentados. Sin duda se criticará que, por definición, una aplicación universal no puede ofrecer la mejor experiencia en todos y cada uno de nuestros dispositivos, pero si esto sirve para solucionar la grave falta de aplicaciones, es de suponer que el sacrificio habrá merecido la pena. Haciendo una vista retrospectiva parece claro que Windows lleva un tiempo preparándose para jugárselo todo a una carta con Windows 10. El año 2015 probablemente sea uno de los más importantes en la historia de Microsoft, ya que en él se decidirá si finalmente ha vuelto para quedarse o si continúa convirtiéndose en una especie de la BlackBerry (RIM) de hace unos años, cada vez más arrinconada en el sector empresarial para seguir apagándose poco a poco.