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No me considero una persona lista ni inteligente. Si así lo fuese, no estaría donde estoy, aunque bueno, imagino que no puedo quejarme por cómo me ha tratado la vida. Me he criado en una familia que me ha dado lo mas importante: valores y educación. Creo que con eso me conformo.

Existen personas cuya meta en la vida es ser rico, director de una gran compañía, vivir del cuento, ser famoso, hacer algo importante o simplemente ser padre, escribir un bloglibro y plantar un árbol.
Tengo algo muy claro en esta vida: no aspiro a ser rico, ni director de una gran compañía (quizás ni con ser un jefe de rango medio), ni vivir del cuento, ni ser famoso. Quizás si me gustaría ser recordado por haber hecho algo importante y, por supuesto, tengo claro que quiero dotar a mi hijo de 4 años de unos valores que le ayuden a decidir sabiamente el día de mañana así como a vivir la vida que quiera vivir.

Siempre he sido una persona bastante independiente, autodidacta. Mis problemas eran míos y de nadie más. No he sido de tener una gran cantidad de amigos ni de hacer muchas locuras y siempre he pensado las cosas bastante antes de llevarlas a cabo, aunque después de tanta vuelta saliesen con el culo. Es más, siempre he sido bastante introvertido, pensando en mis cosas, dándole vueltas a todo en la vida y simplemente tratando de escuchar a mi alrededor y cuando se me preguntaba, tratar de dar buenos consejos.

Desde pequeño me ha costado mucho hacer amigos. Ya con 9 años, aparecieron unos pequeños “tics” que quizás a tan pronta edad ayudaron a forjar lo que soy hoy en día. Siendo tan pequeño, el notar ya como eres diferente a los demás, cómo te miran… pues imagino que me llevó a decir: “tú mejor en casa, a toquetear ese ordenador tan grande que han comprado y nadie usa…”.

Creo que tengo muy claro que intelectualmente no puedo luchar para llegar a un gran puesto o para hacer algo grande con lo que ser recordado. ¿Quién no ha soñado con trabajar en Google o en alguna de esas pequeñas start-ups que nacen hoy en día y terminan apareciendo en los periódicos? Yo tengo claro que ese no es mi fuerte, soy lo que soy y en ese sentido no puedo pedirme más.

El saber que hay algo que no puedo hacer o conseguir es una de las cosas que mas ha atormentado mi mente desde hace años. Decirme “no eres capaz de…” es como clavarme un puñal. El puñal “laboral” lo llevo clavado desde los 18 años pero, como digo, con ese sé que no puedo luchar. Por ese motivo trato de enfrentarme a problemas con los que sé que puedo combatir: los físicos y mentales.

No entiendo a las personas que son “comodonas”, esas que no tienen inquietudes en la vida y que simplemente están por estar. Yo NO QUIERO ser así, necesito ponerme a prueba, necesito sentirme vivo de alguna forma. Vuelvo a repetir que, laboralmente, se puede decir que la monotonía me tiene clínicamente muerto, pero hoy en día con la que cae y con las responsabilidades que se van adquiriendo no te queda otra que “tragar”.

Así pues, conociendo mis limites, llevo años simplemente enfrentándome a retos y el problema es que me están saliendo bien, y eso me envalentona para ponérmelos mas difíciles. Es como el que adicto a la adrenalina que se pasa el día buscando algo que le ponga a mil. Pues a mi me pasa más o menos lo mismo: trato de evadirme de esa monotonía de 10 horas diarias buscando algo con lo que poder enfrentarme y que me diga “ESTÁS VIVO”

· Hace ya 12 años me enamoré locamente de una persona, que a día de hoy es mi mujer. Era la típica mujer en la que todo el mundo se fijaba, aquella que por donde pasa las cabezas se giraban para seguirle el rastro, aquella de la que todo el mundo hablaba. Yo, básicamente, pesaba 100 kg, tenía el pelo teñido de rubio, granos, vestía con zapatillas VANS y llevaba ropa enorme. Como podéis comprobar, no seria el prototipo de esa persona ni por todo el oro del mundo… pero se me metió en la cabeza y empezó mi reto. ¿El resultado? El resultado tiene 4 años y se llama Pablo

· Hace 8 años yo era un fumador de los que disfrutaba del tabaco, era mi evasión del trabajo durante 5 minutos. Fumaba un paquete al día desde que tenia 14 años. Un día me propuse que eso no podía seguir así. Solo mi mujer y yo sabemos lo que he sufrido y lo que he llorado ¿El resultado? Llevo 8 años sin fumar.

· Hace unos años vi que no me gustaba el cuerpo en el que vivía. Pesaba 100 kg y lo único que hacia era comer y comer sin cuidar ni un ápice mi cuerpo. Un dia me planté y decidí hacer un reset a mi vida. ¿El resultado? Llegué a bajar a 74 kg y ahora tengo una salud de hierro y unos análisis de sangre “de libro”.

· Una vez que superé la fase de dejar de fumar, adelgazar y comer de forma saludable, empezó lo siguiente: el deporte. Empecé a correr, lento, muy lento. El primer día, a los 2 km quise morirme. ¿Quién era aquél loco que día tras día se levantaba a las 5 de la mañana para salir a correr en invierno? Por aquella época, correr todavía no era una moda. Nike acababa de sacar su Nike+ para iPod y gracias a la tecnología yo me enganché. Dentro del grupo de Nike+ había retos semanales y mensuales, me apuntaba a todo lo que veía. Gracias a eso hice cosas que nunca antes había imaginado que haría, como salir a correr un domingo a las diez de la noche porque sabia que si hacia 15 km podría ganar el reto semanal.

Con el paso del tiempo llegaron las carreras, bajar de 45′ en 10 km, bajar de 1:45′ en la media maratón, intentar y conseguir con mucho sufrimiento un maratón… ¿Qué podía haber después de todo aquello para aquel ex-gordito ex-fumador? En mi vida aparecieron los ultramaratones de montaña. Se me metió entre ceja y ceja que yo tenía que correr una carrera de 85 km y 9000 m de desnivel acumulado. Me costó una retirada en el km 40 pero, lejos de quedarme llorando por las esquinas, volví al año siguiente y lo conseguí tras 17 h corriendo montaña arriba, montaña abajo y lesionado de la rodilla desde el km 40. Nunca olvidaré la experiencia de entrar en meta cogido de la mano de mi mujer y mi hijo, que por aquel entonces ya empezaba a andar.

Creo que ya pilláis por donde voy. Sé que no puedo con los retos “intelectuales” pero del mismo modo sé que con los únicos que puedo luchar es con aquellos que requieren de mucha fuerza de voluntad y esfuerzo físico, retos en los que llevas a tu mente hasta limites insospechados… ¡y me gusta!

Retándome de esa forma encontré mi otro Yo, ese con el que competir, el mas critico de todos los críticos, tu mismo.

Y tu, ¿contra que luchas? ¿qué metas tienes en la vida? ¿quieres que luchemos y las busquemos juntos?

Yo tengo una, y es demostrar dentro de unos años a mi hijo que, si quieres, vaya que si puedes. Y esa va a ser la enseñanza mas grande que yo pueda darle en la vida, mucho mas que una carrera universitaria.

* Como extra os dejo un vídeo resumen de lo que me costó conseguir mi primer ultra maratón de montaña: horas y horas de entrenamiento, lagrimas, madrugones, lesiones, sufrimiento…