Todos los días pienso al menos un par de minutos sobre los smartwatches. Esos “nuevos” dispositivos que no me tienen convencido en absoluto, son capaces de llamar mi atención, y pienso en ellos, no lo puedo evitar.

Y el pensamiento de hoy es curioso, porque ha incluido una vez más una comparación con los relojes clásicos. Un reloj clásico controla las horas del día, los minutos del día y los segundos del día. Sirve para que pase el tiempo sin que te des cuenta, sirve para que no vuelva el tiempo que ya ha pasado y sirve también para que te olvides de las cosas que han ido pasando.

Con un smartwatch no te olvidas de las cosas, hace que las cosas sucedidas en un tiempo que ya ha pasado aparezcan de nuevo, te las recuerda, y consigue que seas consciente del paso de los segundos, los minutos y las horas, eres consciente porque está pensado para avisarte de cada suceso, de cada evento y se encargar de hacer una notificación que te lo recuerde.

Un smartwatch no deja que te olvides de que el tiempo pasa. El reloj clásico ayuda a que pase el tiempo, a que no vuelva. No quiero un smartwatch que no me deje olvidar alguna cosa que ya ha pasado.