“Si tu mente está vacía, siempre está lista para cualquier cosa, está abierta a todo.”

-Shunryu Suzuki

En el método GTD de productividad se habla en alguna ocasión de tener la mente como el agua, haciendo referencia a cómo reacciona el agua en calma ante la aparición de una piedra, generando una reacción directamente proporcional a la masa y la velocidad de la misma, originando una dispersión de la energía que provoca la piedra y por último volviendo con el tiempo a la calma original.

Desde luego, estoy de acuerdo con el inventor del método, David Allen, en que nuestra mente es un lugar perfecto para generar nuevas ideas, pero quizá sea el peor que se conoce para poder gestionarlas. De ahí que una de las primeras fases del GTD es dejar la mente vacía y volcar todo lo que tenemos que hacer, sean acciones, citas, proyectos o ideas, lo que sea, fuera de nuetra mente. En otro lugar donde se pueda gestionar de una forma más sencilla y ágil y sobre todo en un lugar que no ocupe nuestra mente, que la deje totalmente liberada de preocupaciones.

Cuando tienes la mente como el agua eres totalmente productivo. En algún momento he encontrado ese momento en el que no quieres dejar de trabajar, porque todo te sale a la primera, tus ideas fluyen, las soluciones aparecen solas y ni tienes que pensar en el siguiente paso; es una delicia que no aparece siempre que tú quieres.

Ojalá siempre estuviésemos en ese estado, pero no es así. Lo único que podemos hacer es intentar tener la mente lo más relajada posible, evitando que se preocupe de cosas que no puedes acometer mientras necesitas concentración en otras y también analizar si nuestras reacciones ante “las piedras que nos lanzan” es la adecuada, sin estar por encima de lo necesario ni quedarnos cortos. Esto lo podemos trabajar siendo conscientes de que cuanto más ajustada sea la reacción, más rápido podremos volver a tener nuestra mente relajada, estable y en calma. Mente como el agua.