Marco Arment tiene todos mis respetos y podría decir incluso que mi admiración. Es una persona con las ideas muy claras sobre el negocio de la movilidad y las comunicaciones digitales.

Hoy se ha animado a reflexionar En su blog sobre el hueco que se formará en el cruce entre los compradores del Apple Watch y el resto de compradores de relojes “no tan inteligentes”. Habla de su futuro y no lo presenta nada halagüeño.

Me gusta mucho leer su opinión sobre lo que vendrá y sin embargo no estoy de acuerdo en que los usuarios de relojes tradicionales que compren el Apple Watch dejarán de comprar más de los primeros. Al menos lo dudo.

Sé que tengo muy poca referencia contra la que poder contrastar el uso de un reloj clásico frente al de un smartwatch. Y sobre todo, sean los que sean los que enfrente a un clásico, los que están en el mercado no tendrán seguro mucho que ver con un Apple Watch. Aún así defiendo que un usuario de relojes tradicionales encuentra una satisfacción en el uso y en el intercambio de sus relojes que no podrá sustituir un Apple Watch, de ninguna manera.

En la otra cuestión en la que disiento con Arment es cuando indica que los usuarios que desean poseer y utilizar relojes clásicos irán a menos, si bien siempre existirán formando un nicho o reducto cada vez menos importante. Pienso que la cantidad de usuarios de relojes clásicos es muy importante y circulará siempre en paralelo a los que usan dispositivos móviles con todos sus accesorios.

Coincido en que nadie va a ir por ahí con dos relojes en sus muñecas, tampoco lo veo. Eso sí, a día de hoy las plataformas que tenemos de smartwatches no apetecen demasiado a los usuarios. Nos los han metido por los ojos, no los hemos ido pidiendo a los fabricantes. Veremos lo que sucede y si el Apple Watch, una vez más, puede cambiar todo.