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Hace ya 10 años me contaron una historia que me gustó muchísimo. Un compañero cambiaba de puesto y yo tomaba el suyo. Me contó esta historia y yo me la tomé como una recomendación o como un consejo que también he podido utilizar posteriormente. Me gusta contar historias, más que dar consejos, aunque de algunas historias se pueden obtener lecciones aprendidas, que al fin son consejos también.

Decidió, durante una comida, contarme la historia de cómo un gobernador de una antigua provincia de un país en el que él había vivido recibió a su sustituto. En cuanto entró en su despacho, el gobernador saliente mostró a su sustituto un pequeño cajón que abrió con una llave muy pequeña; dentro había dos cartas que con una preciosa letra caligráfica indicaban: “Primer carta” y “Segunda carta”.

El gobernador le dijo al novato que le dejaba estas cartas y que tenía que prometer que no las abriría más que en el orden correspondiente y tan solo en caso de extrema necesidad, cuando estuviese perdido, cuando no supiese cómo resolver un conflicto muy grave o se enfrentase a una situación ante la que no supiese cómo reaccionar. Por supuesto el gobernador entrante prometió que así lo haría, confiaba en su colega, lo conocía, lo respetaba y por eso guardó con sumo cuidado la llave del cajón en un lugar especial.

Un año más tarde el gobernador tuvo una crisis de gobierno de las más graves que se recordaban en la provincia. Nadie recordaba un problema de esta magnitud y el gobernador no sabía cómo resolver la situación, ni de forma individual ni con la asesoría de su equipo de gobierno. Decidió que era el momento de abrir el cajón y echar mano de la “Primera carta”. Abrió el sobre, tomó la carta en sus manos y pudo ver que había un texto muy escueto: “Échame la culpa a mí”. Era lo que había escrito su compañero. Así lo hizo, y eso sirvió para obtener el voto de confianza de los que le pedían explicaciones ante la grave crisis; con esto pudo trabajar duro y consiguió solventar el problema.

Al siguiente año sin embargo las cosas se torcieron de nuevo. El gobernador no sabía muy bien por dónde tirar en sus gestiones y sabiendo que le había dado buen resultado la decisión de abrir el cajón de las dos cartas no se lo pensó mucho. Era el momento, era importante y era muy grave lo que estaba pasando, necesitaba ayuda de nuevo. Tomó su llave, se dirigió al cajón, lo abrió con mucho sigilo y encontró la “Segunda carta”. Abrió el sobre y sacó la carta. El texto era todavía más escueto que el de la primera, tan solo se podía leer: “Escribe dos cartas”.

En muchas ocasiones en tu nuevo puesto podrás tener un fallo, pero casi nunca te van a permitir que tengas dos. Da que pensar.