Todos tenemos muletillas.

Quizá todos sabemos lo que son las muletillas aunque vamos a explicarlo y luego contar qué es lo que se puede hacer para eliminarlas. Todo el mundo quiere eliminar sus muletillas, a no ser que seas un político, al que le vienen muy bien para rellenar su hueco y oscuro discurso. Las muletillas llenan esos espacios en los que necesitas un respiro mientras estás hablando; son perfectas para ganar un poco de tiempo entre frase y frase porque realmente no tienes el valor necesario para hacer una parada o porque no estás acostumbrado a utilizar una forma elaborada de unir unas frases con otras.

La muletilla puede ser una simple palabra, o puede ser una enorme frase. Son importantes para algunas personas, tan importantes que no son capaces de llegar a terminar una frase completa sin haber introducido su muletilla, normalmente como punto final a la misma. Las muletillas se identifican enseguida, eso es bueno, pero lo malo es que no las identificamos los que las tenemos y las decimos, sino los que nos escuchan. Les encanta identificarlas para de inmediato ponerse a contar las veces que las decimos. Ellos son así, se olvidan de lo que realmente queremos decir para dedicarse en cuerpo y alma a actualizar su contador de muletillas, son implacables, esperan agazapados a que soltemos la siguiente y se ríen internamente, muy fuerte mientras aguantan las lágrimas en espera de la siguiente.

“Y mañana nos veremos por la mañana, ¿vale? Todos tendremos que llevar nuestros libros de lectura, ¿vale? Nos vemos a las 8,30 en la biblioteca, ¿vale?”

¿A que ya habéis visto una muletilla? Y ¿a que conocéis la muletilla o muletillas de muchos de los que os rodean? Estas son algunas de las más utilizadas:

  • y digo, le dije (utilizado en exceso para decir lo que se dijo en una conversación previa)
  • y tal y cual (utilizado para complementar frases)
  • quiero decir (utilizado para reconducir una conversación)
  • ¿vale?
  • digamos
  • ¿Verdad?
  • este…
  • obvio (por supuesto)
  • dale (sí)
  • así que …
  • y nada… que…
  • entonces
  • la cosa es que

Si detectas alguna de ellas o cualquier otra más elaborada, como las horripilantes: “¿Sabes lo que te quiero decir?”, “¿Tú estás entendiendo lo que te quiero decir?”, por favor, haz un acto de ayuda y dile a tu interlocutor que tiene una muletilla. Por supuesto agradece que alguien identifique las tuyas, pídelo encarecidamente a tus conocidos. Que te digan tus muletillas, porque una vez que alguien es consciente de que las tiene, es muy fácil eliminarlas.

La forma de eliminarlas es por sustitución. Es necesario que sustituyas la muletilla por un silencio. Cuando eres consciente de que abusas de una palabra o una frase, será muy fácil que sepas cuándo la vas a ubicar en tu discurso. Entonces, si de verdad quieres acabar con ella, mátala mediante un pequeño silencio. Cualquier muletilla no se echará de menos si en su lugar te callas, dejas de hablar, y sigues tan ricamente con tu mensaje. Todo el mundo lo agradecerá, mucho. Y tú verás como ganas en confianza a la hora de hablar a los demás, tanto en público como en pequeños grupos.

Acabemos con las muletillas, ¿vale?