En los últimos días solo leo cosas malas de Apple watch, primero porque es lo que está escribiendo la gente de los blogs tecnológicos sobre él y segundo porque no quiero puedo tenerlo todavía y me reconforta leer que ni es tan bonito como parece, ni es fácil manejar sus iconos para apps, ni los correos eletrónicos se ven de maravilla en él, ni los desarrolladores están encantados con hacer apps para su sistema operativo, ni…

Cuando algo no te convence, lo que haces es buscar inconscientemente estímulos que te acompañen en tu negación, informaciones que verifiquen tus opiniones y criterios que coincidan con los tuyos. Si no te apetece algo, lo que buscas es una buena justificación para evitar tener que cambiar de opinión.

Dentro de unos meses seguro que tendré un Apple Watch. Entonces, cuando lo tenga, leeré cosas buenas que se escriban sobre él, destacaré yo mismo sus beneficios en algún post en el blog y todo con el único objetivo de certificar que he hecho una buena elección. Tendrá sus cosas negativas, pero ya que he tomado la decisión, tendré que justificar de nuevo mi elección.

Cuando algo te convence, lo que haces es buscar conscientemente elementos más o menos consistentes de información que amparen tu decisión, encuentras los análisis más detallados donde subrayan las ventajas de tu dispositivo y te atas a las opiniones de los más optimistas. Necesitamos reforzar nuestro criterio.

Las justificaciones de nuestras acciones son conscientes e inconscientes, las hay de ambos tipos, tan solo depende del momento en el que las necesitemos. La justificación es una costumbre, un hábito que quizá no conviene cambiar, tan solo identificar y comprobar que no sea excesiva. No puedes justificar algo que vaya en contra de tus principios si los tienes, de tus creencias si las tienes, de tus miedos si existen, o incluso de tus medios, si no los tienes. Las justificaciones que realizas dan que pensar.