Hace unos días ya que por Twitter recorre cierta animadversión contra el Restaurante Juan y Andrea  cuyo perfil de Twitter echa chispas desde entonces: @JuanyAndreaRest. Creo que ya se puede hablar de un #juanyandreaGate en toda regla. El caso es que un tuitero puso una foto del ticket de su comida en este restaurante de la isla de Formentera, justo en la playa de Illetes. Un paraíso que cuenta con la pecualiaridad de tener precios inflados sobre sus productos. Muy inflados.

He estado revisando todo lo que se dice sobre el asunto y la verdad es que es muy difícil tener un criterio claro tan solo con la información que tienes, totalmente sesgada e inferida a partir de un ticket con unos precios altos. En todo caso todo el mundo ha opinado, normalmente diciendo que es un “timo, un atraco a mano armada, un robo”. No es nada de eso, en ningún caso. Es un sitio donde cobran más de lo que valen las cosas.

Y me sorprende que a estas alturas de la película esto llame la atención. Es muy probable que todos los que han vertido bilis (sí, es que a Twitter ya hace tiempo que la gente no viene vomitada de casa) estén incluso acostumbrados a pagar más por las cosas de lo que valen. Los precios de algunos productos o de algunos servicios se cobran por encima del precio asignado a su coste más la plusvalía correspondiente. Y no pasa nada.

Los frikis de los móviles lo tenemos claro. No valen lo que cobran por ello, lo sabemos, y no pasa nada. Si queremos y sobre todo podemos, nos los compramos. Si no nos encaja o no podemos no lo compramos. Punto. Nos quejamos siempre de ello, por supuesto, decimos que no vale lo que cuesta, pero en realidad estamos diciendo que no podemos pagar lo que cuesta, pero esto no es tan fácil de decir.

Deberíamos de pensar antes de bramar sobre lo caro de algo. Yo no pienso ni siquiera por un asomo en decir que la estancia en el Burj Al Arab me parece cara, que  un reloj de Panerai me parece un timo o que un Maserati Quattroporte S Q4 me parece un robo. Tienen un valor muy por encima de lo que vale el producto. No pasa nada. No me los puedo permitir, no pasa nada. Aún así es probable que al salir de un distribuidor de Panerai se me ocurriese poner una fotografía de la factura de mi nuevo reloj. Claro.

Es posible que algún incauto vaya a Illetes y no sepa que en el Juan y Andrea te cobran un agua a 9€ y una botella de vino ramplón a 50€ o que el pescado s/m (por según mercado) realmente quiere decir “lo que me salga de los huevos”; pero me parece que siendo posible, es poco probable. Si entras por esa puerta sabes que vas a pagar y si no lo sabes es que tu problema, aparte de no poder pagar lo que has comido es que eres corto de previsiones.

A Twitter hay que ir llorado de casa.