En algún momento de nuestra vida, todos querremos tener una pareja. Y —si puede ser— que sea humana y esté viva.

El caso es que, una vez encontrada, reforzados los lazos, presentado a los suegros y dormido juntos en el coche hasta acabar con lumbalgia, llega el momento de alquilar/comprar/ocupar un nidito de amor que os sirva para dar rienda suelta al sexo más salvaje (es decir: dejar de follar tal cual entréis por la puerta) y afianzar vuestra relación como exige la normativa de pareja publicada por la OMS y redactada por Angela Merkel cuando era joven (1912) y hacía nudismo (1980).

Si os sentís perdidos y necesitáis ayuda para que la convivencia no se convierta en Gran Hermano VIP, os voy a regalar unos cuantos consejos que podéis aplicar y que harán que vuestra relación se parezca a navegar por un mar de seda en un yate de los Thyssen:

  1. El último que se levanta hace la cama: esto es de perogrullo. Si eres un perro/a y para ti el madrugar es un estadio de fútbol, mereces hacer la cama con esmero cada día de tu puta vida.
  2. El que cocina, no friega. Las tareas domésticas hay que repartirlas y no hay nada más equitativo que trabajar ambos. Si tú cocinas, lo justo es que yo friegue. Aunque la comida sea puta mierda, congelada o a domicilio.
  3. El mando de la televisión es de ella. Asúmelo. Da igual que lo escondas debajo de los cojines del sofá o dentro de tus calzoncillos: en cuanto te despistes, el mando volverá a estar en su mano y tú seguirás sin saber cómo cojones ha llegado hasta ahí a pesar de haber estado vigilándolo mejor que a tu hijo pequeño en un acantilado.
  4. Haced una cuenta conjunta para los gastos de la casa. Facturas, IBI, extras… cualquier tipo de gasto relacionado con el hogar debe estar centralizado en una misma cuenta bancaria a la que transferir dinero mensualmente. Llegado el fin del ciclo de facturación anual incluso puede que sobre efectivo para algún capricho.
  5. El bricolaje es para él. No niego que haya más de una mujer manitas en el mundo, pero no es lo que yo he encontrado. De hecho, he encontrado mujeres que, queriendo arreglar, han terminado llamando al seguro. De vida. No nos engañemos: a los hombres se nos da mejor cambiar bombillas, interpretar instrucciones de montaje y hacernos los suecos. No insistas.
  6. El agujero del váter no te va a arrancar la mano. ¿No tienes asistencia doméstica que te haga la limpieza? Yo tampoco, así que limpio mi mierda y la de mi pareja. Y ella hace lo mismo. Más o menos. Desde aquí quiero lanzar un mensaje al mundo: meter la mano en el agua del váter para limpiarlo con un estropajo de metal es seguro, no te la va a amputar un animal de cloaca. 
  7. No hace falta chillar como un cerdo al follar. ¿Recuerdas la otra noche, cuando despertaste de madrugada por culpa de un gato en celo? No era un gato: era la puta de tu vecina gimiendo. Y es que, amigos, hay personas que necesitan reafirmarse en sus propios estados y dar a conocer al resto del vecindario que su pareja es un hacha en la cama y que ella tiene un puto amplificador por cuerdas vocales. No conozco a ningún hombre que grite como ellas (ojalá siga así, podría causarme algún tipo de trauma), pero os recomiendo respeto por la comunidad para así evitar los carteles en los portales y las caras de asco al cruzaros en el ascensor.
  8. Los pelos de la ducha. Eres calvo y el sumidero de la ducha parece una peluca: no has sido tú. Ha sido ella, lo sabe y se olvida siempre de recoger al gato acostao y húmedo. Como con el mando: hazte a la idea. Esto es algo que no va a cambiar. Si dejas el pelo reposar el suficiente tiempo, con la humedad se convierte en algas para ensalada. ¡Ideaca!
  9. El espacio. El armario, los cajones de la cómoda, las estanterías de la bañera… todo es un 5 a 1 y no hablo de tu mano frotando mucho y muy fuerte. Cuando empieza la convivencia, todo se divide al 50% y tú estás feliz en tu espacio en el que puedes respirar y hasta guardarte a ti mismo, tu coche, la moto y una tienda de campaña de Decathlon. El paso del tiempo contrae tu 50% hasta un 16%; ves cómo tus camisas lisas de trabajo han adquirido el estampado de las veraniegas y tus zapatos reposan uno encima de otro. Sobrevivirás.
  10. Los tópicos. Este texto está lleno de tópicos. A veces son tan realistas que asustan. La vida en pareja puede ser maravillosa, neutra o un infierno: tú decides. Pero luego no digas que no te avisaron.