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Estos días atrás en Twitter ha habido una revolución y una lección aprendida. Desde luego nadie se ha quedado al margen de conocer que el elegido como concejal de Cultura del Ayuntamiento de Madrid decidió cesar de su cargo para evitar problemas al nuevo gobierno de la ciudad tras haber recordado las redes algunos de sus tuits de hace cuatro años.

Y parece que además de la pequeña revolución en Twitter también algunos de los políticos de este país han aprendido una lección; no pueden decir cosas en las redes que no pudiesen gritar en medio de la calle más transitada de su pueblo. Y sin embargo, el amparo de un perfil en su red social anima a muchos a cagar fuera del tiesto. Alguna de esas cagadas vuelve y les da en toda la cara. Y seguirá pasando. No saben.

Lo que sí han sabido es revisar sus perfiles detenidamente y eliminar aquellos tuits que les parece podrían llegar a comprometerlos. Muchos de los concejales del ayuntamiento de Madrid han realizado algún borrado, casi como todos los usuarios de Twitter en alguna ocasión hemos hecho.

La empresa Graphext ha decidido hacer una herramienta que calcule el número de tuits borrados por un usuario. Han aprovechado el tirón y seguro que les ha salido bien rentable. Han realizado un análisis básico y muy sencillo de cuantos tuits han sido borrados por cada miembro del Ayuntamiento de Madrid y del Congreso de los diputados. Si veis esas cifras se sacan algunas conclusiones muy buenas que han adelantado en El Diario, pero por supuesto os animo a que saquéis las vuestras propias. Es muy sano.

Personalmente no opino que borrar tuits sea nada negativo ni indigno, de hecho lo considero muy sano porque implica rectificar; y aunque no sé yo si es de sabios o no, bienvenidas las rectificaciones. Lo que me ha llamado realmente la atención es que nos tengamos que sorprender de la mala comunicación que hacemos en las redes sociales las personas. Un buen punto para la gente que ha hecho los análisis y un toque de atención para nuestros políticos, que tienen tanto que mejorar.