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Qué bonito es el Apple Watch. No voy a ser yo quien niegue la evidencia. Desempaquetarlo, retirarle lentamente los plásticos protectores y admirar su desnudez delante de tus ojos: el cristal, los marcos de aluminio, la suavidad con la que se desliza la corona digital, los cuatrocientossesentaynueve euros bailando el Sarandonga de Lolita Flores.

Pero no te engañes: el Apple Watch es como el perro del hortelano.

  • 01 Cuando lo tienes, eres plenamente consciente de que no lo necesitas
  • 02 Cuando no lo tienes, lo echas tanto de menos que tu muñeca se deprime
  • 03 GOTO 01.

Sabes que sus funciones como reloj podrías sustituirlas con cualquier Casio; no tendrás el mismo atractivo y las mujeres (o los hombres) no caerán rendidas a tus pies, desnudas y con las piernas abiertas, pero sabrás a la hora que debes llegar a casa para bañar a los niños, acostarlos y preparar la cena. Y la batería le dura años. Y siempre podrás aducir que eres retro, porque no hay nada más retro que un Casio retro.

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La parte smart, la que verdaderamente nos trae por el camino de la amargura a los amantes de la tecnología en general y de la telefonía en particular, es la que crea en nosotros la adicción: el giro de muñeca para encender la magnífica pantalla que te muestra de un vistazo los datos que tú hayas configurado previamente; el force-touch con el que sientes que tu dedo se hunde bajo el cristal; la corona digital para hacer scroll e interactuar con el sistema; el pulsómetro; las correas compatibles; el botón de ‘amigos frecuentes’ para acceder de un vistazo a tus amigPERO QUIÉN COJONES TUVO ESTA IDEA DE MIERDA?!

En definitiva, todo lo que hace que sientas que tienes en la muñeca una pieza de ingeniería y diseño, con unos acabados difíciles de encontrar en la competencia (he tenido el Pebble Time y el Moto 360 2015) y una funcionalidad que no tiene comparación. Por poner un ejemplo de usabilidad, el reloj no se enciende si estás utilizando el iPhone o las notificaciones se marcan como leídas en el iPhone si las lees/respondes en el reloj; la pantalla no se ilumina al recibir una notificación, sino cuando tú giras la muñeca para verla, preservando así tu privacidad y, para terminar, el taptic engine, que produce una vibración que sólo tú podrás notar y nadie a tu alrededor escuchará.

Pequeños detalles que una vez has probado no quieres olvidar.

Mientras escribo estas líneas, he comprado un Apple Watch, lo he vendido, he vuelto a comprar un segundo y también lo he vendido. Desafortunadamente, no todo son finales felices y rollitos de primavera.

En mi opinión, los mayores problemas a los que se enfrenta el Apple Watch son dos:

  1. Aplicaciones que no cumplen con las expectativas. Fundamentalmente, por la lentitud en su ejecución, pero también por su comportamiento errático: hoy funciona bien, mañana deja de funcionar y se queda colgada y al tercer día resucita de entre los muertos.
  2. Ciclo de actualización. ¿Cuánto va a esperar Apple para actualizar el reloj y dotarlo de un mejor procesador y más batería? Al tratarse de un reloj, el ciclo anual al que Apple nos tiene acostumbrados podría alargarse. O no. O sí. O nadie sabe nada. ¿Supone esto un problema? , porque si has comprado el primer modelo estás sufriendo sus problemas y deseas que llegue la renovación. Y no, porque si Apple solucionara (si tiene solución) el tema del rendimiento, no habría tanta ansiedad por actualizarse.

Si quieres pagar el precio de un Apple Watch, te lo recomiendo: te va a gustar, sin duda, pero por favor: no te cuestiones su utilidad, no seas imbécil.

Si te parece caro, no lo compres porque, si lo compras, vas a cuestionar su utilidad, convirtiéndote en un imbécil.

Y, sobre todo, os lo pido por favor: dejad de escribir artículos de mierda como este.