Esta tarde ponía en Twitter una afirmación tajante. La mejor de todas las inversiones en tecnología que he hecho en 2014 ha sido en implementar la máxima memoria RAM posible a mi Apple iMac del año 2009. Son 8 GB de memoria RAM los que lleva ahora, costaron aproximadamente 80 EUR y el ordenador ha pasado de ir lento y desesperar en ocasiones a los que lo usamos en casa, a ir fluido y ser una gozada disfrutar del último sistema operativo de Apple en él (Yosemite).

Ya cuando decidí hacer el cambio, algunos amigos me recomendaron incorporar también un sustituto para el disco duro; todos aseguran que sus equipos han revolucionado su experiencia de uso con un SSD en su interior e incluso algún amigo como M4ugan me dejó este vídeo explicando lo sencillo que es el cambio.

No es ya una prioridad para mí la incorporación de un disco duro, pues tan solo necesitaba tener operativo el iMac, no que vuele; pero desde luego en este próximo año 2015 será una de las inversiones a realizar. Esta tarde me lo han vuelto a recordar. Ya tengo la jugada perfilada. Me compraré un nuevo disco SSD de 256 GB para mi portátil Macbook Air de 2011 y el de 128 GB de este se lo pondré a mi iMac de 2009. De esta forma tendré dos equipos “antiguos” muy frescos y muy vivos.

Los equipos fijos de Apple no son tan baratos como los PCs que puedes encontrar en el mercado, sin embargo, su facilidad para volver a ser potentes y aportar muchos años más de buen uso hace que haya que plantear la compra a medio plazo. Entonces, quizá, no resulten tan caros. Tendrás muchas satisfacciones, en mi experiencia desde hace más de 13 años menos problemas y preocupaciones y además tendrás un equipo precioso sobre tu escritorio.

Da qué pensar, por supuesto. ¿Cuál es vuestra experiencia?